TUDELA CUNA DE LOS GRANDES VIAJEROSCon su catedral cristiana de corazón judío y musulmán; con su ciudad vieja repartida entre una morería y dos juderías; con sus grandes personajes andalusíes y hebreos de fama y renombre mundial, Tudela es una singular ciudad de las tres culturas afincada en el corazón del reino de Navarra. La Judería Vieja y la Judería Nueva, con un camino intermedio salpicado de constantes evocaciones al tiempo en que los hebreos poblaron la ciudad, constituyen hoy un itinerario sorprendente, que permite conocer una buena parte de la ciudad histórica a través de sus judíos. Una huella de casi siete siglos que forma parte de la esencia más íntima de Tudela. En la actualidad parece comunmente aceptado que los primeros pobladores hebreos de Tudela llegaron casi con la misma fundación musulmana de la ciudad, alrededor del año 802, como plaza fuerte y punto estratégico en la marca del Ebro en un punto equidistante entre Zaragoza, Logroño, Pamplona y Soria. Yusuf, lugarteniente del emir Al Hakán I, fue el encargado de construir el puente sobre el Ebro y establecer la primera fortaleza musulmana, que con el discurrir de los años se convirtió en una ciudad próspera rodeada de un entorno fértil y ameno, como cuenta en su Crónica del moro Rasis, del año 919, el geógrafo árabe Al Razí. Posiblemente, entre los primeros contingentes de judíos que llegaron a Tudela para establecerse en la ciudad se encontraran miembros de la vecina aljama de Tarazona. Durante el amplio período de la dominación musulmana (más de tres siglos), Tudela constituyó un importante núcleo comercial y cultural en el norte de España, condición que se intensificó aún más tras la caída del Califato de Córdoba y la vinculación de la ciudad a la taifa de Zaragoza, con los Banud Hud. De ese tiempo, inmediatamente anterior a la conquista cristiana, son las famosas 23 biografías de personajes célebres del mundo musulmán de Tudela, y en ese caldo de cultivo viven también los grandes personajes judíos cuya fama ha trascendido hasta nuestros días. Plaza de Yehuda Ha-LevíUno de estos personajes es Yehuda Ha-Leví, nacido en Tudela en 1070 ó 1075, en cuya plaza se inicia el itinerario judío tudelano. Las dos placas que recuedan aquí sendos textos del “príncipe de los poetas hebráico andalusíes” son una buena muestra de la variedad temática y estilística que caracterizó su producción literaria; el primero, más filosófico, dice: "Cuando vi en mi cabeza la primera cana la arranqué con la mano. Has podido conmigo, me dijo, porque estoy sola. ¿Qué harás cuando me siga un escuadrón?", y el segundo, manifiestamente más lírico: "Ofra lava sus vestidos en el agua de mis lágrimas y los pone a secar al sol de su hermosura. No necesita el agua de las fuentes, porque tiene la de mis ojos, ni otro sol que el de su belleza". Ha-Leví, autor de El Kuzari, libro convertido en una especie de símbolo de la diáspora del pueblo judío, viajó por Córdoba y Granada, y gozó de la amistad de los grandes hombres de letras de su tiempo; salió de Tudela en 1140, con casi setenta años, dispuesto a morir en Jerusalén, lo que no se sabe a ciencia cierta si consiguió en 1141, año en el que se fecha su muerte. "Mi corazón está en Oriente, mientras que yo resido / en el extremo Occidente", escribió también este autor de culto en los círculos cabalísticos hebráicos. El sabor popular de la plaza que lleva su nombre, en pleno corazón de la vieja Tudela, con sus ropas tendidas y su visión de fondo de la estatua del Corazón de Jesús, en lo alto del monte de Santa Bárbara, son el mejor preámbulo para iniciar la visita a los diferentes hitos de la ciudad navarra relacionados con los judíos. Catedral y Museo de TudelaMuseo de Tudela. Palacio Decanal. Roso, 2. Tel. 948 40 21 61. Lunes a viernes, 10.00-13.30 y 16.00-19.00; sábados y festivos, 10.00-13.30. www.museodetudela.com, www.catedraldetudela.com. A través de la calle Roso se llega a la Oficina de Turismo de Tudela, punto de encuentro estratégicamente ubicado junto a una de las puertas de la Catedral. Antes de entrar en el museo, donde se realiza la visita conjunta a la Catedral y al Palacio Decanal, las arquivoltas de la Puerta del Juicio del templo catedralicio ofrecen ya una pincelada de las controvertidas relaciones de judíos y cristianos a través de los siglos: con paciencia y buena vista no es difícil encontrar, entre los personajes que sufren condena tras el Juicio Final, a una pareja de hebreos que venden sus paños sobre un arca, representando simbólicamente a todos los de su estirpe. La Catedral de Tudela fue hasta 1783 Colegiata de Santa María la Blanca, levantada ésta a su vez en 1119 sobre la mezquita mayor de los musulmanes, del siglo IX. Además de la puerta del juicio, en su exterior destacan la de Santa María, al norte, y la de la Virgen, al sur, de estilo románico y cobijada por un tejado que conserva pinturas mudéjares. En su interior, el coro está considerado como una de las obras mayores del gótico flamígero navarro, y el retablo mayor, de estilo flamenco, es obra de Pedro Díaz de Oviedo. El Palacio Decanal, a través del cual se accede al Claustro, donde se ubica la sinagoga, es un edificio originario del último cuarto del siglo XV, ampliado después por el deán Pedro de Villalón para servir como residencia de reyes y papas en sus estandias tudelanas. El sepulcro del infante Don Fernando, hijo de Sancho VII el Fuerte o los ricos capiteles del claustro son algunas de las piezas más importantes del conjunto. SinagogaÚnica en su género, por encontrarse ubicada en el mismo claustro de la Catedral, la capilla mudéjar de San Dionís, también conocida como Escuela de Cristo, ha sido identificada como la Sinagoga Mayor o Sinagoga Vétula de Tudela, con una morfología clásica de los templos judíos, con su sala de oración y su tribuna para las mujeres en el piso superior. Antes de entrar en ella, en el claustro se exponen de manera permanente una serie de paneles que explican el origen y los ritos principales de las tres grandes religiones que convivieron en Tudela durante siglos: la musulmana, la judía y la cristiana. También son dignas de mención la puerta, de arco apuntado, y las ventanas, con arcos geminados reutilizados. En el interior, las celosías de la tribuna alta, situada a los pies del oratorio, dan la pauta del rito hebreo, que obligaba a las mujeres a seguir la ceremonia religiosa en un segundo plano, y la decoración con agramilado de estuco, en policromía blanca, negra y roja, enlaza directamente con la tradición almohade del arte aragonés de los siglos XIII y XIV. Destaca también el magnífico artesonado que cubre la nave. Una menorah, o candelabro judío de siete brazos, preside el espacio central del templo, donde se exponen además, en sus vitrinas, una rica serie de documentos facsímiles y libros y utensilios de la liturgia hebrea, junto a una reproducción de la célebre Biblia Kennicot o a ejemplares de El Kuzari, de Yehuda Ha-Leví, o el Libro de viajes, de Benjamín de Tudela, representados ambos en la sala, junto a Abraham ibn Ezrá, con sus retratos y perfiles biográficos. Tirar de la mantaEn la sinagoga se expone una copia de la célebre manta que los cristianos viejos tuvieron expuesta entre 1610 y 1738, con los nombres de los conversos tudelanos, "para que se conserve la limpieza de sangre y se sepa distinguir la calidad de los hombres nobles", es decir, para poder “tirar de la manta” en caso necesario. La existencia de la manta, sin embargo, no empaña una resistencia secular ante el Santo Oficio: en 1481 la ciudad se negó a facilitar información sobre el asesinato, en Zaragoza, del inquisidor Pedro de Arbués; tiempo después los vecinos amenazaron con arrojar al Ebro a los oficiales de la Inquisición que perseguían a unos herejes, y en 1510 los diputados tudelanos partieron a Cortes con la encomienda de solicitar al rey "que nos quiten de aquí ese fraile que se dice inquisidor". Abraham ibn EzráAbraham ibn Ezrá representado en la sinagoga por un retrato de Rafael del Real, nació en Tudela hacia el año 1089, y pasó su juventud en Al Andalus formándose en las culturas árabe y judía, viviendo en Córdoba y en Toledo y visitando varios países del norte de África. Consuegro, posiblemente, de Yehuda Ha-Leví, Ibn Ezrá cultivó también la poesía, entre otros géneros, considerándosele, junto a Maimónides, el mayor polígrafo de la España judía; al igual de Ha-Leví, abandonó Tudela hacia 1140, recorriendo varios lugares de Europa en los que sobrevivió escribiendo libros y tratados por encargo para diferentes comunidades judías. Murió hacia 1167, según algunos historiadores ya de regreso a Sefarad, posiblemente en Calahorra, y según otros en algún lugar de Europa. Después de haber sido sinagoga hebrea, la capilla perteneció a la cofradía de San Dionís, fundada por el rey Teobaldo I de Navarra, que pervivió hasta el siglo XIX, pasando entonces a manos de la cofradía de San Pedro y San Pablo, quien la rebautizó como Escuela de Cristo. Judería VétulaDesde la plaza de San Jaime, vecina a la Catedral, parte la calle de la Merced, que conduce hasta la Judería Vieja o Judería Vétula. Un original edificio, con platos de cerámica incorporados a la fachada enjalbegada, marca en el cruce con la calle Tornamiras el arranque del barrio hebreo, que ya existía próximo a la muralla, junto al río Queiles, en tiempos de la dominación musulmana, y cuyos límites se fijaron con mayor nitidez tras la conquista de la ciudad en 1119 por Alfonso I el Batallador. El rey aragonés, que entró en Tudela de manera pactada, firmó con los musulmanes el Fuero de Sobrarbe, y con los judíos el de Nájera, reconociendo sus derechos y propiedades y estableciendo los límites de los barrios. En la Tudela cristiana, la aljama estaba gobernada por un órgano colegiado de veinte miembros, elegidos entre la oligarquía familiar del momento, con apellidos que se repetían a lo largo de los años, como los Orabuena, Menir, Falaquera, Bendebut, Rabiza, Acasar, Farach o Malach. Entre 1279 y 1305 se redactaron las taqqanot, u ordenanzas de la aljama, para organizar la vida en común de una sociedad formada por comerciantes, artesanos, físicos y diplomáticos, con una actividad reseñable también en torno a la agricultura y a la producción y comercialización del vino. El cuidado y el sentido didáctico de la rotulación de las calles, con una bella azulejería que ilustra el significado de cada denominación, permite seguir el recorrido por un sector de marcado carácter medieval, jalonado de mesones y restaurantes y con cierto aire bohemio. En la misma calle de la Merced, ya en el interior de la judería, el Palacio Ezquerra, fechado en 1690, presenta un magnífico escudo en su fachada, rematado a los pies con la concha del Camino de Santiago, que tuvo en Tudela una de sus etapas más frecuentadas. ![]() Calle de San JuliánLa calle de San Julián es la principal de la Judería Vieja, que recorre de este a oeste en paralelo al trazado de la muralla, y en ella se localiza documentalmente una segunda sinagoga tudelana. Excavaciones recientes parecen indicar que el espacio que ocupan hoy las casas que se levantan a la derecha, entre esta calle y la muralla, se correspondían en la Edad Media con una zona de huertas que actuaba como "cordón de seguridad" entre dos fortificaciones, con lo que el barrio judío medieval sería en realidad una estrecha franja contenida entre la calle San Julián, al sur, y el eje que forman las actuales calles de Tornamiras y Benjamín de Tudela, al norte. Barrio "húmedo"Estrecha y cerrada, al abrigo de los vientos en invierno y de los soles en verano, la calle Hortelanos desemboca en la de las Verjas, cuyo azulejo ilustra con gracia que nos encontramos en el “barrio húmedo” de Tudela, no sólo por los mesones y bares de copas, sino también por las históricas inundaciones sufridas por esta zona con las crecidas del Ebro. Eso explica que una buena parte de las viejas casas del barrio sigan la norma constructiva de levantar varios pisos en ladrillo sobre un primer zócalo de piedra. Plaza de la JuderíaJunto a la Fuente del Obispo, encajada hoy bajo la plaza elevada, el monumento a Benjamín de Tudela es quizás la única referencia hebráica en la moderna Plaza de la Judería, punto de encuentro y de expansión en el límite del ensanche de la ciudad nueva. Muy cerca de aquí, al final de la calle Verjas, estuvo en su tiempo la puerta de Zaragoza, junto a la cual está documentada la existencia de una tercera sinagoga, en un entorno en el que también se localiza el baño ritual o miqvé. Por la calle de las Vueltas y la de la Parra se llega a la calle Magallón, donde se levanta el palacio del Marqués de San Adrián, espléndido ejemplo de la arquitectura civil renacentista de Navarra que actualmente acoge las dependencias de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, y que posee un magnífico patio y una espectacular escalera. Calle Benjamín de TudelaLa actual calle de Benjamín de Tudela, documentada en español y en hebreo, se sitúa en el límite noreste de la Judería Vétula y rinde culto a uno de los hijos de esta ciudad con más proyección universal a través de los tiempos, cuyo Libro de viajes, editado por primera vez en Constantinopla en 1543, y reeditado constantemente, sigue siendo una pieza maestra para conocer de primera mano cómo era la vida cotidiana del siglo XII. Benjamín ben Yonah, que así era su verdadero nombre, nació en esta ciudad en el año 1130, poco después de la entrada de los cristianos en Tudela, y combinaba por igual su habilidad para los negocios con sus conocimientos y su inquietud viajera. Su viaje desde Tudela por Roma, Constantinopla, Jerusalén, Bagdad y El Cairo, para regresar a París, está lleno de anotaciones minuciosas y precisas sobre las estaciones de paso, y constituye una verdadera aventura en una Edad Media llena de dificultades para desplazarse por lugares tan dispares. Murió en 1175. Atravesando un arco, la calle de Benjamín de Tudela conecta con la plaza de la Vida, a la cual se asoman las ventanas de la Catedral, y a través de la plaza se llega a calle del Portal, que deja a la izquierda el bello Arco de la Virgen para continuar, a la derecha, en ruta hacia la Judería Nueva. Casa de la calle DombrizEntre la Judería Vieja y la Nueva, un alto en el camino para ‘descubrir' en el número 16 de la calle sin salida de Dombriz una casa alta y estrecha que pasa por ser un modelo medieval que debieron seguir en la época numerosas casas judías: anchos aleros en los tejados cobijando una estructura de ladrillo con entramados de madera. El zapatero que trabaja concienzudamente en la ilustración del azulejo de esta calle no deja lugar a dudas sobre la vinculación de esta zona con sus pobladores judíos, prácticamente desde el nacimiento de la ciudad. El último tramo de la calle Portal desemboca en la románica iglesia de la Magdalena, levantada sobre un anterior templo mozárabe, prácticamente en el límite de la ciudad vieja, muy cerca ya del Ebro. El Pantocrátor y las escenas que se representan en su portada son un espléndido ejemplo de la iconografía del románico, en un templo relacionado con el enterramiento del conde Rotrón de Alperche, conquistador de Tudela a los musulmanes a las órdenes del Batallador. Judería NuevaLa creación de la Judería Nueva de Tudela está vinculada al nombre de Sancho VI el Sabio, quien promovió el desarrollo de este nuevo barrio, que convivió durante un tiempo con el anterior, a partir de 1170, al abrigo del castillo que dominaba la ciudad desde el cerro de Santa Bárbara. La orografía marca la peculiar estructura del barrio, desarrollado a partir de sus los dos ejes paralelos que forman la calle de San Miguel y el paseo del Castillo. Por la calle Caldereros y la calle Guerreros el itinerario penetra en la Judería Nueva, a través de escaleras y calles estrechas que mantienen el trazado del barrio medieval. La calle Sotarraño conecta con la de San Miguel, en un barrio popular donde se desarrolló el último tramo de la vida de los judíos tudelanos hasta su expulsión en 1498, seis años después de la firma del decreto de los Reyes Católicos, que sólo pudo aplicarse en el reino de Navarra a partir de esa fecha. Aunque la convivencia marcó, la mayor parte del tiempo, las relaciones entre musulmanes, judíos y cristianos entre los siglos XII y XV, a partir de 1348, con motivo de la peste negra que asoló Tudela, los ocasionales episodios de enfrentamiento entre estos dos últimos colectivos se fueron convirtiendo en una limitación constante de los derechos de los hebreos. La Disputa de PamplonaTambién Pamplona, como Barcelona o Tortosa, protagonizó una intensa disputa teológica entre judíos y cristianos sobre la llegada del Mesías, bajo la presidencia de Pedro de Luna, el futuro papa Benedicto XIII, celebrada en el año 1379. El físico (médico), jurista y moralista tudelano Sem Tob ibn Saprut (1340-1410) fue una de las figuras hebreas de esta disputa, tras la cual publicó su obra Piedra de toque, que refleja con gran veracidad el ambiente de aquella época. Ibn Saprut estudió medicina en Montpellier, y ejerció como médico durante varios años en Tarazona. Plaza de San MiguelLa plaza de San Miguel toma su nombre de la iglesia que hubo dedicada al arcángel vencedor del demonio en este lugar, donde podría también haber estado con anterioridad una de las sinagoga de la Judería Nueva, que funcionó hasta 1498. Además de ésta, quizás existieron en el barrio otras dos más , la Mayor y la Menor, o sinagoga Chica, a las que se han atribuido diferentes localizaciones. Alrededor de la plaza de San Miguel estuvo tradicionalmente el barrio de los tejedores, y en este mismo entorno existieron numerosas casas con bodegas, algunas de las cuales, en manos privadas, se conservan todavía en la actualidad. La calle Pelaires, en el flanco este de la plaza, comunica con el paseo del Castillo, que constituye el emplazamiento más antiguo de la Judería Nueva, con sus casas apoyadas en las mismas defensas de la fortaleza y al pie del cerro presidido por el monumento al Corazón de Jesús, que se levantó sobre las mismas ruinas del castillo medieval. El aumento de la población judía en Tudela en los siglos XIII y XIV obligó también a un crecimiento del barrio hacia el sur en estas centurias. A finales del siglo XV se censaban en la ciudad 160 hogares o fuegos, lo que hace pensar en una población en ese momento de unas setecientas almas. Monumento al hermanamiento con TiberíadesDe regreso a la plaza de San Miguel, tras recorrer una parte del paseo del Castillo, donde la humildad del barrio parece querer recordar los últimos momentos de los judíos en Tudela, con una aljama debilitada y empobrecida, el itinerario conduce hasta la plaza del Salvador, donde se emplaza el monumento que simboliza al hermanamiento entre las ciudades de Tudela y Tiberíades, obra de Beatriz Lasry. La placa de homenaje de “La Federación Sefardita a sus mayores” se complementa, al otro lado del pedestal, con las palabras de Benjamín de Tudela: “Adiós río Ebro. Regresaré aunque sólo sea para morir en tus orillas”. De entre los que prefirieron marcharse, en 1498, en lugar de cambiar sus nombres y apellidos y convertirse forzosamente en cristianos nuevos, el apellido Nabarro, que se registra en varias ciudades europeas, lleva la huella de los judíos tudelanos, que también se repartieron por el norte de África. Desde aquí, la calle Granados, que deja ver restos de la antigua muralla medieval que defendía Tudela, conduce hasta la plaza de Mercadal, fuera ya de la Judería Vieja, donde se ubica el centro cultural Castel-Ruiz, antiguo convento de los jesuitas, con un bello claustro y unas espléndidas bodegas, y, a su lado, la iglesia barroca de San Jorge el Real, que perteneció al convento. Antes de concluir el viaje, merece la pena caminar unos metros por la calle Pasaje, en una zona de la ciudad que vuelve a recordar la convivencia inicial de musulmanes y judíos antes de la conquista cristiana, y, finalmente, asomarse a la calle de las Herrerías, levantada sobre el mismo foso que en su día tuvieron las murallas de Tudela, al otro lado del cual el espectáculo multiculor de las casas de la morería cierra el ciclo de las tres culturas. |
HOTELES TUDELA ![]() ![]() ![]() |
||
| Central de Reservas On Line | |||
![]() |
|||
|
© 2007 Asociación Hoteles de Tudela - C/Pedro I, 1-1º · 31007 Pamplona | Mapa Web
|
Diseño Anet |